Arquitectura

Visiones: Construir la utopía

Ejercicios de arquitectura mental Años van, años vienen y nuestra arquitectura cambia, se transforma y en pocos casos evoluciona. ¿Cuán veloz puede ser construirla? ¿Cuán dinámico puede ser pensarla? ¿Qué tan eficaz puede ser imaginarla, testarla visualmente, analizarla y construirla para que por algunos segundos o tan siquiera un instante podamos habitar lo “no construido”, saborear las dulces mieles de...

Ejercicios de arquitectura mental

Años van, años vienen y nuestra arquitectura cambia, se transforma y en pocos casos evoluciona. ¿Cuán veloz puede ser construirla? ¿Cuán dinámico puede ser pensarla? ¿Qué tan eficaz puede ser imaginarla, testarla visualmente, analizarla y construirla para que por algunos segundos o tan siquiera un instante podamos habitar lo “no construido”, saborear las dulces mieles de lo utópico?

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Todo cuanto ha cruzado por nuestras mentes ha sido no solo alcanzado, sino muchas veces superado. ¿Pero utópico puede ser algo que por nuestra mente está pasando, un inalcanzable pensamiento espacial? Si con tan solo segundos que se presenta ante nuestro imaginario una idea se convierte en factible y mucho más en esta era donde pareciera que todo puede volverse parte al instante de nuestro ya inconmensurable recuadro de la realidad, en ese nuestro espacio tangible: lo inimaginable.

Ideas utópicas, abstracciones que cruzan por nuestra cabeza como resultado inherente de nuestra historia, del catálogo de experiencias, de construcciones gráficas que no encuentran lógica inmediata dentro de la perspectiva contemporánea, sin embargo se forman a partir de lo ya existente y fomentan la atemporalidad de una atmósfera, esa parte de nuestro entorno que logra cambiarnos y envolvernos en una especie de éxtasis intelectual, imágenes que se gestan no solo unos minutos antes del nacimiento de la idea, sino que provienen de muchos años atrás: de una caminata cuando éramos niños, de visitas a ciudades lejanas, de observar el viejo álbum de fotografías de la abuela o simplemente de las remembranzas incrustadas en la mente desde el cotidiano ir y venir que se mezcla en nuestros sueños haciendo una extraña pero seductora argamasa de vivencias, lugares existentes y visiones que se filtran desde el más profundo subconsciente, dejándonos en el vaivén de lo que bien podría ser una placentera entropía platónica.

El registro de estas efímeras ideas se vuelve de pronto una especie de bitácora atemporal de sueños, espacios, esencias y atmósferas, de ficciones gráficas durante breves segundos en los que la imagen se revela y nos transmite una nítida sensación de involucrarnos tan profundamente que podemos sentir la humedad, el olor y la temperatura del entorno. Es una invitación a conocer una parte específica de nosotros mismos, a vivir los imaginarios propios y de otros, a estar presentes en esas topografías fantásticas donde nos convertimos en huéspedes de seductores ambientes, construidos quizá como una especie de collages entre sueños y recuerdos: postales del pasado y del presente que con toda seguridad nos acompañarán en el futuro.

Así, a través de la construcción y manipulación digital de lugares inexistentes e imágenes utópicas podemos degustar verdaderos entremeses gráficos, pletóricos de arquitecturas seductoras, elaborados a partir de una receta que nos hace imposible no caer cautivados ante este dejo de historia y sabor que nos remite a lo ya visto, pero dando un giro inexplicablemente fresco y atractivo.

Dibujamos una línea nueva a partir de lo ya caminado. Un ejemplo claro es el trabajo del artista inglés Idris Khan, quien por medio de la increíble serie fotográfica de Bernd y Hilla Becher —realizada entre los años treinta y cuarenta— que muestra graneros, tanques de agua y edificios industriales, propone piezas con movimiento e increíble magnetismo. De igual forma, el impecable proyecto del arquitecto italiano Luca Galofaro nos envuelve en una tectónica sutil e históricamente contundente al ejecutar magistralmente la serie de montajes que incluye material fotográfico de la alemana Ursula Schulz-Dornburg, logrando edificios con lógicas casi contemporáneas. O bien, la simple manipulación digital para congelar la explosión de un edificio y construir abstracciones como las de Espen Dietrichson, artista noruego que refleja en sus piezas de manera absoluta el espacio dentro del contenedor arquitectónico, demostrando que lo que realmente importa es el vacío. Otra experiencia más es el trabajo del artista inglés Oliver Michaels, sus piezas de “Square in square” transmiten, a través de la construcción con partes de fotografías de arquitecturas posmodernas, una composición moderna. Irene García León, quien en sus increíbles y elegantes composiciones nos relata una historia con momentos casi cotidianos: un niño volando una cometa o simplemente un ave pendiente del horizonte, personajes de la imaginación enlazados a la imagen borrosa de una posible realidad. Un ejemplo más sería la increíble “Interacciones”, una serie del artista asturiano Dionisio González, quien mediante fotomontajes muestra lo que no es pero podría ser: la exaltación de la naturaleza con sutiles incrustaciones de volúmenes futuristas dentro de contextos cotidianos y épocas que se empalman dentro del mismo encuadre de manera asombrosa y fina.

Texto: Miguel Montor

Fotos: Cortesía de Espen Dietrichson, Luca Galofaro, Irene García León y Dionisio González

 

*La sección completa puede consultarse en la edición 39 de México DESIGN.

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