Arquitectura

Casa Lumaly

Esta casa de Agraz Arquitectos es muy especial, entre otras cosas porque su principal habitante, además de la familia que aquí tiene su hogar, es un árbol. Detengámonos un momento en el emplazamiento y observemos que esta vivienda da la impresión de estar en desacuerdo con la calle. Ahora bien, aun cuando a primera vista así parece, se trata de exactamente lo...

Esta casa de Agraz Arquitectos es muy especial, entre otras cosas porque su principal habitante, además de la familia que aquí tiene su hogar, es un árbol. Detengámonos un momento en el emplazamiento y observemos que esta vivienda da la impresión de estar en desacuerdo con la calle. Ahora bien, aun cuando a primera vista así parece, se trata de exactamente lo contrario.

Dado que su eje longitudinal se orienta en el sentido este-oeste (perpendicular a la calle), y dado también que la disposición más favorable para la casa es norte-sur, se decidió que la edificación mirara hacia su interior en lugar de al exterior. En este sentido, la casa no se encuentra en conflicto con la calle, lo que sucede es que dialoga con ella a través de la creación de un umbral —un espacio de transición entre el edificio y el exterior— que contribuye a cambiar de ritmo en dirección al ingreso.

Es importante señalar que subyacente al umbral se encuentra la convicción de que cada proyecto, sin importar cuan pequeño sea, tiene una responsabilidad con el espacio público, la ciudad.

En un sentido muy general, el esquema principal es una figura en forma de “L”. Su sección más pequeña comprende el ingreso y la estancia familiar, mientras que la más larga de la figura —que acompaña el jardín— alberga la cocina, el comedor, la sala y la terraza. Entre ambas se encuentra la clave espacial que articula la casa tanto en el sentido horizontal como en el vertical, al tiempo que constituye la singularidad primordial de este proyecto.

Nos referimos al único lugar de la casa en donde encontramos una doble altura, y ello obedece a que contiene un maravilloso árbol que acompaña a la ventana más alta. Se trata, justamente, de la ventana que conduce, a través de su celosía, al jardín. Dicha celosía, diseñada por el artista Adrián Guerrero, filtra la luz descomponiéndola en una miríada de rayos luminosos cuyo vaivén establece la tonalidad para la particular atmósfera de este hogar.

Tanto la luz que se filtra a través de la obra artística como el árbol pretenden ser recordatorios diarios del tiempo. Si la arquitectura atestigua el espacio, el árbol es un testigo del tiempo. Es decir, es el cómplice de la casa, acompañará a la familia y envejecerá con ellos, compartirá sus vidas, sus sueños y recuerdos.

 

Texto: Juan López Vergara Newton

Imágenes: Mito Covarrubias, Nicolás Covarrubias y RM3 Studio, cortesía de ©Agraz Arquitectos

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