Entre manglares y canales de agua, Banyan Tree Mayakoba inicia una nueva etapa. Una renovación interior que afina su lenguaje espacial sin alterar aquello que define su identidad.
Fotos: Cortesía
La renovación de las villas de Banyan Tree Mayakoba es la expresión de una evolución estratégica que comenzó en 2019. Esta transformación se percibe en detalles como la luz que recorre los interiores, la continuidad de los materiales, o la relación constante con el paisaje que las rodea.

Una evolución que parte del origen
El proyecto forma parte de una estrategia iniciada en 2019, respaldada por una inversión acumulada de 100 millones de dólares en la propiedad. Esta etapa, enfocada en la redefinición interior de villas existentes, coincide con un momento clave para el resort, que se acerca a sus diecisiete años de operación.
La historia de Banyan Tree remite a Phuket, donde la marca surgió a partir de la recuperación de una mina de estaño. Esa experiencia inicial define una forma de entender la hospitalidad que, en Mayakoba, se traduce en una arquitectura en contacto constante con manglares, canales de agua y vegetación tropical.
Las primeras fases de transformación fueron lideradas por Sordo Madaleno Arquitectos, quienes estuvieron a cargo de la renovación de las villas frente al mar y la laguna. Posteriormente, la intervención más reciente, enfocada en interiores, estuvo a cargo de Room 1804, responsable del diseño y actualización de las villas familiares y multigeneracionales, afinando su lenguaje material y espacial.
La construcción de una atmósfera interior
En esta actualización, los materiales adquieren un papel central. Las maderas de parota y tzalam se incorporan en piezas diseñadas a medida, generando continuidad en cada espacio. La piedra Crema Maya permite que la luz natural se refleje con suavidad, mientras que la talavera introduce un acento ligado al contexto local, resuelto con naturalidad dentro del conjunto.

Espacios que se abren al entorno
La organización espacial también se redefine. Las áreas comunes se conectan de forma directa con las terrazas privadas, generando una transición fluida hacia el exterior. En estas zonas, las piscinas incorporan nuevos acabados y el mobiliario se adapta a distintos momentos de uso.
El piso negro original permanece como una decisión consciente. Su presencia establece una base que resalta la materialidad circundante y da profundidad al conjunto. A partir de ahí, la luz, las texturas y el paisaje adquieren mayor presencia sin necesidad de contrastes forzados.
Nuevas formas de viajar, nuevas formas de ocupar el espacio
La renovación responde también a cambios en las expectativas del huésped. Hoy, las estancias privilegian la privacidad, así como la posibilidad de compartir sin renunciar a momentos individuales. Las villas se ajustan a estas dinámicas, incorporando programas que acompañan tanto viajes personales como estancias en grupo.

La incorporación de energía fotovoltaica y el trabajo con talleres locales forman parte de una visión que vincula diseño con contexto y cultura. Estas decisiones se plantean desde el origen del proyecto, reforzando su consistencia.
Una transformación que se percibe en el tiempo
Lejos de una reinvención total, Banyan Tree Mayakoba opta por afinar lo existente. El resultado no busca destacar de manera inmediata ni recurrir a gestos evidentes, pero permanece.
Es en esa permanencia donde la experiencia cobra sentido: en la forma en que el espacio se vuelve familiar con el paso de los días, mientras el paisaje sigue marcando el ritmo de cada estancia.
Descubre más de Banyan Tree Mayakoba en su página web y en sus redes sociales.







