La arquitectura brutalista en México y el uso de concreto

De la mano de arquitectos como Teodoro González de León, el brutalismo en México se convirtió en parte de la identidad nacional con obras icónicas de esencia propia.

El brutalismo no es historia, es actualidad. Desde su aparición, ha ejercido una influencia constante y, la franqueza que caracteriza dicho estilo arquitectónico ha permitido que cada país o región lo aderece con esencia propia. ¿Violento, crudo, aburrido, dinámico, tal vez, bello? Difícil escoger un único adjetivo, y esa capacidad de transformación nos confirma cuán valiosa es esta expresión arquitectónica que, como no podía ser de otro modo, se encuentra presente en Latinoamérica.

La historia e influencia del brutalismo en América Latina es muy rica. Brasil, Argentina, Perú, Venezuela, entre otras naciones, cuentan con exponentes realmente interesantes. México no es la excepción, con representantes como Teodoro González Martínez, en nuestro país se alzan edificios brutalistas emblemáticos. Antes de profundizar en ello, detengámonos para hacer un brevísimo repaso sobre la historia del brutalismo, así como su nombre.

La mayoría de los expertos coincidirán en que uno de los precursores, cuando no fundador, de lo que actualmente se conoce como brutalismo, es Le Corbusier, arquitecto suizo-francés. Si bien con su Unité D’Habitation de Marseille (1947-1952), iniciaría lo que más tarde se denominó brutalismo, no está de más considerar que esta corriente arquitectónica contiene influencias de la arquitectura moderna de la década de 1920 y 1930, así como de la Bauhaus alemana. No obstante, el concepto de “brutalismo”, es decir, la palabra, es usada por primera vez en la revista británica Architectural Design para describir el proyecto de una casa en Soho, Londres. ¿Y qué significa brutalismo?

Para los hispanohablantes, la palabra “brutalismo” podría remitir a algo feo, torpe, mal hecho, inculto (de hecho, en italiano “bruto” significa feo). Sin embargo, su etimología es francesa, proviene de béton brut, cuyo significado es “hormigón en bruto”, o sea, concreto. Por tanto, brutalismo es un término que describe lo evidente: una arquitectura que limita la ornamentación a favor de la franqueza de los materiales constructivos, como el concreto y el acero.

Museo Tamayo / Teodoro González de León

Si bien el brutalismo se originó a inicios de la segunda mitad del siglo XX, a México llega una década después. Es interesante este ligero desfase ya que a pesar de que en el Viejo Continente la popularidad del estilo arquitectónico comenzó a decaer a partir de 1960, en Latinoamérica, especialmente en México, continuó en auge todavía en los años noventa y todavía en el nuevo milenio. Un ejemplo de ello es el Museo de Arte Contemporáneo (MUAC), de González de León, terminado de diseñar en 2008.

En México, además del característico uso de concreto expuesto, formas geométricas simples y estética austera, también hizo uso de iluminación oculta e indirecta, así como detalles u ornamentos específicos de carácter nacional. Por otro lado, hay que destacar que la construcción de edificios institucionales fue significativo justo en la segunda mitad del siglo XX, a la par que la popularidad del estilo brutalista, factor que muy probablemente contribuyó a que el concreto desnudo terminara por adoptarse como un material de identidad nacional.

GG House / g3arquitectos. Fotografía por Yoshihiro Koitani

El padre del brutalismo en México es, sin lugar a duda, Teodoro González de León, pues fue el único arquitecto mexicano que formó parte del taller de Le Corbusier. Así también se le considera un pionero en la arquitectura moderna en el país. A González de León se le adjudica una de las obras más emblemáticas de la arquitectura brutalista en México: el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) y, en co-autoría con Abraham Zubladovsky, el Colegio de México, y el
Museo Rufino Tamayo.

Otras obras notables de brutalismo en el país son el Centro Cultural de Tijuana (CECUT), de Pedro Ramírez Vásquez, construido en la década de los ochenta, así como el Heroico Colegio Militar, de Agustín Hernández Navarro, o Palmas 555, de Juan Sordo Madaleno, ambos edificios de los setenta.

Palmas 555 / Juan Sordo Madaleno

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Carrito de compra
  • Your cart is empty.