En los bosques de Valle de Bravo, Casa La Pausa encuentra su carácter en la relación con el paisaje, la presencia de materiales naturales y una paleta cromática serena. Diseñada por LEGORRETA®
La residencia prioriza la conexión con el entorno, preservando árboles majestuosos e integrando un estudio que resguarda un escritorio original del maestro Ricardo Legorreta, anclando su legado.

En el bosque de Valle de Bravo, Casa La Pausa nace como un refugio de fin de semana diseñado por la firma LEGORRETA®, que sin grandilocuencia concibe este proyecto como un escape del ritmo urbano, creando un espacio de paz e introspección donde la arquitectura dialoga en total silencio con la naturaleza circundante.

Finalizada en 2024 bajo la visión de Víctor Legorreta y su equipo, Casa La Pausa da materialidad a una arquitectura que ofrece con respeto el protagonismo al entorno. Anidada en los mágicos bosques de Valle de Bravo, esta obra no busca ser una declaración monumental, sino un recipiente de la luz diseñado para conectar con el mundo natural y una sensación de calma y relajación. Esta sensibilidad hacia el origen del sitio destaca en el cuidado del paisaje, donde se preservaron dos grandes árboles preexistentes cuya presencia ahora abraza y enmarca la experiencia de habitar en esta casa.

Su materialidad se arraiga en el terreno mediante una paleta orgánica. Los pisos y los muros clave fueron revestidos con piedra natural cincelada a mano, otorgando a la residencia un acabado texturizado, sólido y atemporal.

La piedra introduce una presencia táctil que contrasta con la ligereza de la luz y las tonalidades del interior. Su superficie irregular hace visible el trabajo manual y aporta profundidad a los planos arquitectónicos, mientras su carácter terroso vincula los espacios con el paisaje boscoso. La selección de materiales responde así a una búsqueda de continuidad entre la casa y el entorno en donde se encuentra.

Al interior, la atmósfera se cultiva con delicadeza; alejándose del ruido visual, se eligió un esquema de colores muy contemplativo que reúne maderas claras, tonos ocres y un toque inesperado de color lavanda. Esta fusión de tonalidades logra que los espacios se sientan visualmente expansivos, pero manteniendo una tranquilidad íntima.

La madera clara aporta calidez, mientras los ocres mantienen una relación cromática con la tierra y la piedra. El lavanda introduce una variación sutil dentro de esta composición, evitando que la neutralidad se convierta en monotonía. La luz natural recorre estos tonos a lo largo del día y modifica la percepción de las superficies, dando lugar a una atmósfera que cambia sin perder su carácter sereno.

Esta obra arquitectónica responde a su vocación de retiro de fin de semana separando de manera intuitiva las áreas sociales de las recámaras privadas. Esta distribución permite que la casa ofrezca el equilibrio perfecto para albergar tanto momentos de reunión como instantes de guardada soledad. Cada rincón se encuentra bañado por un intuitivo juego con la luz natural y enmarca vistas selectas hacia la vegetación.

Uno de los espacios más emotivos de este santuario es el estudio, el cual resguarda un escritorio original diseñado por el maestro arquitecto Ricardo Legorreta. Esta pieza histórica funciona como un ancla poética que conecta el refugio contemporáneo con la herencia del diseño modernista mexicano. A través de su materialidad honesta, Casa La Pausa cumple su noble propósito: ser un lugar de calidez y paz restauradora.
Entrevista: Yara Patiño
Fotografías: Paola Migoya

