Raúl de la Cerda y Domingo Seminario unen diseño y memoria en VICÚS

La colección VICÚS nació de una amistad de casi catorce años, pero su historia comienza mucho antes de que Domingo Seminario De Col conociera a Raúl de la Cerda. Está ligada a su infancia en Piura, al norte del Perú, donde los objetos de una cultura ancestral formaron parte de su entorno familiar.

Hoy, esos recuerdos encuentran una nueva expresión a través de la resina y de una colaboración que conecta dos maneras de entender el diseño.

Una historia familiar detrás de la colección

El acercamiento de Domingo a la cultura Vicús ocurrió desde sus primeros años. En una hacienda de su abuelo, Domingo Seminario Urrutia, las excavaciones revelaron restos de esta antigua civilización, reconocida tanto por su cerámica como por su trabajo en metal. Su abuelo dedicó parte de su vida a preservar y difundir ese legado, reuniendo huacos, piezas de orfebrería y otros objetos que Domingo recuerda haber visto en casa.

Entre sus primeras memorias están las chaquiras: pequeñas piezas de piedra y metal con las que sus abuelos le enseñaban a armar collares y crear adornos. Algunas eran de crisocola, una piedra semipreciosa turquesa que también se utilizaba en la ornamentación Vicús.

“Antes de convertirse en una referencia para una colección, ese color ya estaba ligado a una experiencia personal. También permanecían en sus recuerdos las figuras de animales que encontraba en los huacos de su abuelo.”

Años después, Domingo estudió arquitectura por su curiosidad por entender cómo funcionan y se construyen las cosas. Durante una maestría en Procesos de Diseño conoció a Raúl de la Cerda, diseñador mexicano fundador de Barón & Vicario.

La amistad continuó después de terminar sus estudios y, con el tiempo, surgió la idea de colaborar. Cuando llegó el momento de elegir una referencia para el proyecto, Domingo pensó inmediatamente en la cultura que lo había acompañado desde niño.

De la cerámica prehispánica a la resina

Así tomó forma VICÚS. La colección recupera figuras y referencias de esa tradición sin reproducir literalmente los objetos antiguos. En el proceso, la resina —material característico de Barón & Vicario— encontró una conexión con la cerámica prehispánica.

A Domingo le interesaban los acabados manuales de las piezas de la marca, así como sus pequeñas imperfecciones, que evocaban el trabajo de los antiguos ceramistas. El barro y la resina pertenecen a momentos distintos, pero comparten posibilidades expresivas que la colección explora.
Entre las siete piezas hay reinterpretaciones de animales como el perro, el mono, el pato o el loro. El perro tiene un significado especial para Domingo, que lo describe con el afecto de quien habla de una pequeña mascota.

Otra pieza, el silbador, remite a los huacos que producían sonido al moverse con agua en su interior y que podían cumplir funciones utilitarias o ceremoniales. Ambas referencias revelan el interés por recuperar las historias contenidas en estos objetos para trasladarlas al presente.

Una colaboración entre Perú y México

La colaboración se desarrolló entre Perú y México. Mientras Domingo trabajaba desde su país, Raúl coordinaba en México la fabricación de las piezas.

Pasar de los dibujos y modelos tridimensionales a los objetos finales implicó resolver a distancia cuestiones de escala, proporción y color. Domingo recuerda el proceso como fluido, lo que atribuye en parte a la facilidad de trabajar con alguien a quien conoce desde hace tantos años.

Domingo Seminario y Raúl de la Cerda

México tiene para él un vínculo afectivo que antecede a la colección: aquí están Raúl y otros amigos cercanos, a quienes considera casi familia. Con los viajes también ha encontrado afinidades entre las culturas mexicana y peruana, especialmente en la artesanía, los colores, la simbología y los acabados. “Cada vez que estoy en México es como que me siento en casa”, cuenta.

Esa familiaridad apareció también en la presentación de VICÚS. Las piezas fueron fotografiadas en un paisaje de arena roja en Hidalgo; el contraste cromático inspiró el montaje de Zona Maco, donde se exhibieron sobre una estructura inspirada en una pirámide. Tras su presentación en México, la colección busca llegar a Perú, mientras sus creadores contemplan ampliar las piezas, a la vez que explorar nuevos colores.

Antes de los dibujos y la resina, estuvieron la hacienda de su abuelo, los huacos y aquellas pequeñas chaquiras. VICÚS reúne esos recuerdos con una nueva experiencia de diseño. En la colaboración entre Domingo y Raúl, una memoria familiar encuentra nuevas formas de permanecer y dos culturas descubren afinidades a través de sus objetos.

Escrito por: Eva Lizbeth Márquez
Entrevista: Alma García
Fotografía: Roxana Badillo

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